Colegio del Verbo Divino

Este 20 de octubre conmemoramos 500 años de la llegada de Magallanes a la boca oriental de estrecho como parte del itinerario de una expedición histórica que logró circunnavegar nuestro planeta para interconectar al mundo a través de los océanos, esparciendo las semillas que conducirán a la conformación del mundo globalizado actual.

A 500 años del paso de Magallanes a través del estrecho, emerge en nuestro imaginario social la “terra australis”, espacio ignoto del pasado y no siempre valorado en el presente. Porque si bien la toponimia nos recuerda hoy la presencia histórica del explorador en la región y su huella en la construcción de un nuevo mundo, poco recordamos su importancia para el reconocimiento de nuestra identidad territorial y nuestra soberanía sobre una región estratégica del globo terrestre.

En efecto, el navegante portugués al servicio de la corona española tras del cruce interoceánico del estrecho que hoy lleva su nombre, no solo unió el Atlántico y el Pacífico por vía marítima sino que también puso a nuestro país en la ruta globalizadora que nos hará ingresar al mundo moderno, sacándonos del aislamiento geográfico. Así, tempranamente, primero el Reino y luego la república de Chile, recibirán la impronta religiosa, científica e intercultural de los exploradores que formará parte de la fisonomía de la sociedad chilena.

Así, la expedición magallánica, durante sus 37 días de navegación y reconocimiento del estrecho, dejó importantes muestras de la profunda fe católica del grupo expedicionario; como las cruces levantadas en el sector oriental, la celebración eucarística de fray Pedro Valderrama en agradecimiento por el éxito de la travesía o el bautizo del estrecho como “canal de todos los santos”, todas primeras manifestaciones del catolicismo en nuestro país.

Los magallánicos fueron portadores de la fe católica pero también de la razón científica, pues su expedición surge de la teoría moderna de la esfericidad de la Tierra, se nutre de la ciencia y aporta al conocimiento razonado de las ciencias nuevos saberes, como en la astronomía con el descubrimiento de la Cruz del sur para poder orientarse en ausencia de la estrella Polar extraviada en el firmamento del hemisferio sur; así como también, nuevos saberes geográficos de la esfera terrestre que mostraron un mundo finito, medible en todas sus latitudes y longitudes.

Por último, la expedición magallánica se estructura en base al dialogo intercultural de sus integrantes; un navegante portugués contratado por los reyes católicos de España en una expedición multinacional. Sus capitanes, mixtos, algunos españoles y otros portugueses; sus dotaciones, multiétnicas, con un predominio español y portugués. Es decir, un crisol de nacionalidades, idiomas, culturas e intereses, el único voluntario, sin sueldo y supernumerario de la expedición, fue un italiano, originario de Vicenza y que no tenía ningún rol ejecutivo a bordo, el cronista Antonio Pigafetta.

De este modo, y a modo de conclusión podemos decir que, a 500 años de la travesía de Magallanes podemos ver en el presente, importantes rasgos de nuestra identidad cultural como nuestra fe templada en los actos de los expedicionarios como en la misión evangelizadora que los sustentaba, la razón científica que sustentó la travesía por la “terra australis” y nuestro borde costero que condujo a la toma de conciencia de nuestra identidad territorial, que más temprano que tarde conformará nuestra idiosincrasia forjada al alero de un dialogo intercultural que nace del contacto interétnico e internacional de las redes interoceánicas del pasado transformadas en los océanos digitales del presente.

Ernesto Dupré Luengo
Profesor de Historia

Cerrar menú