Colegio del Verbo Divino

Estimada comunidad del CVD:

Les escribo al comenzar el mes de abril. Hace un mes, cuando se iniciaba marzo, aún no se había confirmados en Chile ningún contagiado de Covid19. Al terminar el mes eran más de 2700 contagiados en nuestro país, y unos 800.000 en el mundo, con casi 40.000 muertos. Aún no sabemos cómo va a seguir esto. Seguramente en el hemisferio norte la pandemia tendrá menos fuerza, porque allá se acerca el verano. Tememos que en nuestro hemisferio la situación empeore al ir acercándose el invierno. Salvo que se produzca un milagro. Podría ser que el virus mute a algo menos letal, que los seres humanos desarrollemos nuestro sistema inmunológico contra este virus, o algo que ni siquiera podemos imaginar. La realidad muchas veces supera la imaginación. Para los que creemos, es Dios quien, con su acción salvífica, supera hasta los proyectos más ambiciosos del ser humano. Por eso nosotros rezamos.

El viernes pasado, 25 de marzo, el Papa Francisco, anciano y cojeando, dirigió una ceremonia de bendición a la ciudad y al mundo. Sus palabras – en que comparaba la situación mundial con la tempestad que vivieron los apóstoles en su barca, mientras Jesús dormía – fueron muy profundas y adecuadas para este momento. Pero lo más impactante era que no había gente. El cristianismo es una religión de comunidad. Por eso es lindo ver multitudes de personas en los encuentros religiosos. Pero ahora no se ve a nadie. Nunca imaginé que esto fuera a pasar. La realidad superó la imaginación. Cuando a comienzos de febrero supe que el obispo de Macao había suspendido las misas con público, lo consideré una exageración. Ahora, apenas dos meses después, considero un error pastoral justo lo contrario: que algunos sacerdotes y obispos se niegan a suspender las misas con público.

Estamos terminando la cuaresma. Otras veces muchos ni se dan cuenta de este tiempo litúrgico. Esta vez, todos – incluso los que no tienen fe – han debido vivir los días de cuaresma de una manera diferente. Y ya nos acercamos a la Semana Santa, que comienza en cuatro días más, con el domingo de Ramos.

Quizás es la primera vez en los dos mil años de Historia de la Iglesia que las liturgias serán sin fieles. Pero quizás es el año en que vamos a vivir con más devoción la Semana Santa. Los sacerdotes celebrarán solos la liturgia, en sus iglesias parroquiales o, como es nuestro caso, en grupos de sacerdotes que vivimos en la misma casa, porque somos una comunidad religiosa. La gente estará en sus casas, rezando entre ellos, o siguiendo las celebraciones por televisión o por las redes sociales.

Para terminar, quiero recalcar algunas palabras de Jesús que nos muestran que Dios nos escucha siempre, no sólo cuando nos reunimos como grandes grupos en las iglesias. Jesús decía a la mujer samaritana que llegaba la hora en que a Dios no se le adoraría en Jerusalén ni en el monte Garizim, sino “en espíritu y en verdad”. A Dios lo podemos adorar en cualquier parte, no sólo en las iglesias. En el sermón de la montaña Jesús nos invita a rezar dentro de nuestra habitación. Si uno está solo, Dios está con nosotros. Además, más que nunca necesitamos desconectarnos algunas horas de internet para estar a solas. Es decir, para estar con Dios.

En otro lugar Jesús dice que cuando dos o tres se reúnan en su nombre, Él estará en medio de ellos. No es necesario tener grandes números para que Jesús esté entre nosotros. Cada familia es una iglesia doméstica. Aprovechemos este tiempo para rezar a solas o en familia.

Cuando termine la pandemia, y más aún cuando lleguemos al cielo, estaremos nuevamente todos juntos. Durante esta semana santa no estaremos reunidos en grandes grupos, pero Dios estará más presente que nunca.

Dios bendiga a nuestra comunidad y a toda la familia humana. Unidos en el Verbo Divino,

Sergio A. Edwards V. svd. Santiago de Chile, miércoles 1 de abril de 2020.


Aprovechemos este tiempo de gracia, de Cuaresma y de coronavirus para escuchar y reflexionar sobre la palabra del Señor. El podcast, que presentamos a continuación, ha sido elaborado por el Rector del Colegio y corresponde a uno de los comentarios que emite habitualmente en la Radio Agricultura.

Comentario evangelio domingo 29 de marzo de 2020

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Este domingo, el Padre Sergio nos habla sobre la resurrección de Lázaro. Necesitamos poner atención este relato y dejar que sus palabras, las de Jesús, nos lleguen al corazón.

Lectura del santo evangelio según san Juan (11,3-7.17.20-27.33b-45):
En aquel tiempo, las hermanas de Lázaro mandaron recado a Jesús, diciendo: «Señor, tu amigo está enfermo.»
Jesús, al oírlo, dijo: «Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.»
Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo, se quedó todavía dos días en donde estaba.
Sólo entonces dice a sus discípulos: «Vamos otra vez a Judea.»
Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedaba en casa.
Y dijo Marta a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá.»
Jesús le dijo: «Tu hermano resucitará.»
Marta respondió: «Sé que resucitará en la resurrección del último día.»
Jesús le dice: «Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?»
Ella le contestó: «Sí, Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo.»
Jesús sollozó y, muy conmovido, preguntó: «¿Dónde lo habéis enterrado?»
Le contestaron: «Señor, ven a verlo.»
Jesús se echó a llorar. Los judíos comentaban: «¡Cómo lo quería!»
Pero algunos dijeron: «Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que muriera éste?»
Jesús, sollozando de nuevo, llega al sepulcro. Era una cavidad cubierta con una losa.
Dice Jesús: «Quitad la losa.»
Marta, la hermana del muerto, le dice: «Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días.»
Jesús le dice: «¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?»
Entonces quitaron la losa.
Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo: «Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado.»
Y dicho esto, gritó con voz potente: «Lázaro, ven afuera.»
El muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario.
Jesús les dijo: «Desatadlo y dejadlo andar.»
Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.
Palabra del Señor
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