Colegio del Verbo Divino

Padre Carlos Pape SVD (Q.E.P.D.)

Padre Carlos Pape SVD (Q.E.P.D.)

A las 9:20 horas de ayer lunes 23 de noviembre de 2020 falleció el Padre Carlos Pape SVD, QEPD después de una larga enfermedad. Había sufrido un accidente vascular el 28 de junio de 2016 en que parecía que se nos iba, pero se recuperó bastante, aunque nunca fue lo mismo y se fue apagando de a poco hasta que ayer tuvo que ser hospitalizado nuevamente. Sus restos mortales fueron velados en la capilla del Colegio Verbo Divino. Hubo una misa por él ayer a las 20 horas Sus funerales serán hoy  martes en el cementerio Parque El Prado, en Avenida La Florida, después de una misa  por su eterno descanso en el CVD a las 11 horas.


Biografía

Carlos Segundo Pape Flores, SVD

Carlos Segundo Pape Flores era el cuarto de una familia de 11 hermanos más tres que murieron de guagua. Nació el 9 de julio de 1933 en San Pablo, pero su familia se trasladó a la cercana ciudad de Osorno, donde participaban la capilla, después parroquia El Carmen, donde conocieron a los sacerdotes de la SVD.
En 1944 entró, junto a dos hermanos, al seminario menor de la Congregación del Verbo Divino, ubicado en el camino de Santiago a Puente Alto, calle Vicuña Mackenna, paradero 7, donde terminó sus estudios secundarios, hizo el noviciado y comenzó los estudios de filosofía necesarios para el sacerdocio.
Fue enviado en 1954 a hacer sus estudios de Teología a Sankt Augustin, cerca de Bonn, Alemania, donde fue ordenado sacerdote en 1958 y destinado a estudios superiores.
Obtuvo un doctorado en Misionología en la Universidad Gregoriana de Roma con un estudio sobre el movimiento misionero de las iglesias protestantes.
Volvió a Chile en 1962 y trabajó como Procurador Misional (Secretario de Misiones) junto al área de comunicaciones, a la cual le dio mucha vida, sobresaliendo su trabajo como Director de la Revista Mundo, publicación mensual sobre la situación nacional y mundial, desde el punto de vista eclesial, que tenía mucha venta. La revista tuvo un abrupto final con el pronunciamiento militar de 1973. Después Ediciones Mundo publicó libros de oraciones y de cantos Litúrgicos y la Guía de la Iglesia en Chile. El padre Carlos también trabajó activamente en el movimiento ecuménico, de Diálogo con las iglesias de la Reforma.
En 1977 fue nombrado Maestro de Novicios y al año siguiente Superior Provincial de la SVD Chile. Le tocó la construcción de los nuevos edificios del Seminario de la congregación en La Florida y de la casa central en calle Bellavista, junto al Liceo Alemán. El padre Carlos Pape fue quien le dio una orientación claramente Misionera a nuestra provincia chilena de la SVD. Desde su tiempo todo chileno que entraba a la SVD debía ir a misiones. También ayudó a toda la Iglesia chilena a abrirse a la misión universal, con la presencia de cohermanos verbitas en las Obras Misionales Pontificias.
En 1982 fue nombrado Secretario de Misiones para toda la Congregación del Verbo Divino, por lo que tuvo que volver a Roma en 1983. En 1994 fue elegido miembro del Consejo General de la SVD, con el cargo de Admonitor, el tercero más importante de toda la congregación. Le tocó abrir muchas nuevas misiones de la congregación y realizar la visita general a muchas provincias. Los informes de esas visitas eran una joya, porque el padre Carlos tenía una gran profundidad teológica y a la vez una excelente capacidad de comunicar sus experiencias e ideas. El informe que más recuerdo es el de su visita a Vietnam, cuando representó a la congregación en las conversaciones con los hermanos catequistas de san José, que finalmente se unió como un todo a la SVD. Justamente su funeral es en el día de los mártires de Vietnam. Me tocó recibir dos veces la visita del padre Carlos a Taiwán y encontrarme dos veces con él en Roma. Fueron ocasiones para conversar en profundidad sobre la Iglesia y la SVD, para aprender de sus amplios y profundos conocimientos.
Terminado su servicio en el Consejo General, se quedó en Roma estudiando los archivos para escribir la Historia de la SVD Chile. Desde ese tiempo su salud decayó debido a leves accidentes vasculares.
En el año 2002 volvió a Chile y trabajó en el Seminario, desde 2004 en el Colegio del Verbo Divino de Las Condes. En 2006 publicó su libro de la Historia de los Misioneros del Verbo Divino en Chile. Desde 2008 vivió y trabajó en Chicureo. En el año 2011 pasó a apoyar la formación de los seminaristas. En el año 2014 pasó a la Casa Central de la SVD Chile, donde trabajó en el archivo histórico de la provincia. Escribió numerosas biografías de sacerdotes y hermanos de la SVD que trabajaron en Chile.
A mediados de 2016 tuvo un serio accidente vascular. Muchos pensábamos que era el final, pero se recuperó bastante y logró seguir escribiendo biografías. En los últimos años fue apagándose, hace cuatro meses tuvo un notorio deterioro, seguramente otro accidente vascular. El domingo 22 de noviembre de 2020 fue llevado a la Hospital Clínico de la Universidad Católica, donde falleció el lunes 23 de noviembre, pasadas a las 10 AM.
Fue un modelo de religioso y misionero de la Congregación del Verbo Divino, una persona que ayudó a abrir la Iglesia Chilena a sus dimensiones universales. Muchas gracias, padre Carlos, por su testimonio de entrega y entusiasmo por la misión de la Iglesia y de la Congregación del Verbo Divino.
Dios lo tenga a su lado.


Autobiografía

Carlos Segundo Pape Flores, SVD

Sacerdote de la Congregación del Verbo Divino

Pertenecí al grupo familiar que nació y se formó en la infancia en los campos de don Federico Becker, situados entre Osorno y San Pablo. Nuestro papá, luego de casarse, se había comprometido con él como administrador de sus campos. Así, comenzando 1930, el joven matrimonio que ya tenía dos hijos decidió establecerse en las tierras de don Federico.  En esas condiciones de vida campesina iba a realizarse el primer capítulo de nuestra historia familiar. El año 1939, cuando nos trasladamos a Osorno, yo tenía cinco años y medio, puesto que había nacido el 9 de julio del año 1933. Entonces éramos ya seis hermanos, todos hombres.

Recuerdos del campo osornino

La fachada de nuestra casa contaba con una escalera que conducía a las piezas habitables situadas sobre un piso bajo el cual se encontraba la bodega y depósito de cosas de agricultura. Subiendo se llegaba a un corredor desde el cual se tenía una buena vista del patio. A pocos pasos de la casa había una especia de bodega, donde se guardaba pasto y donde jugábamos a la escondida. Un poco más lejos  había un estanque con agua para los animales. No recuerdo que ese caserón puesto a «nuestra disposición» haya tenido un cerco, pero sí que teníamos miedo de pasar por el campo donde había un  toro que nos podía atacar. Entre los juegos que solíamos practicar se hallaba el de  tejos. De vez en cuando llegaban de Osorno algunos amigos visitantes —Teo Burgos con algún compañero, por ejemplo—quienes se entretenían jugando con nosotros al tejo. Nuestros papás eran jóvenes con muchas ganas de vivir y trabajar. Recuerdo que entre los conocidos que vivían en la misma región nos visitaban de vez en cuando los familiares Aro, quienes vivían a cierta distancia. Más lejos estaban los Oñate, y al otro lado del camino principal la familia Pinninghoff, familia que era la enemiga ideológica de don Federico Becker, dirigente radical del partido de entonces. Mi papá gozaba de la confianza del terrateniente Becker. De hecho, su media hermana había pasado a ser la amante del rico hacendado, cuyo influjo era considerable en la vida política de San Pablo y alrededores.

 

Traslado a Osorno en 1939 y primeros estudios en la escuela San Gabriel, entre 1940 y 1944

Sin duda fue nuestra mamá la que determinó la salida de nuestra familia del campo osornino y su asentamiento en la ciudad. Llegué a Osorno en el mes de febrero de 1939. No recuerdo bien dónde nos hospedamos en ese primer tiempo. Lo cierto es que bien pronto estuvimos instalados, arrendando, en calle Andrés Bello, al llegar a Manuel Rodríguez. Una casa más allá de la nuestra, la de la esquina, la ocupó el practicante don Isaías Mora, su señora Sara y sus cuatro hijas, familia que simpatizó con la nuestra. Nuestro grupo familiar estaba constituido por nuestros papas, la abuela Gavina y los seis  hermanos que acababan de llegar del campo.

Pronto se arregló el asunto de la escuela donde estudiar, Arnulfo y yo comenzamos el año 1940 nuestra enseñanza básica en la escuela San Gabriel, institución gratuita de niños, dirigida por las Religiosas de María Inmaculada. Una escuela similar de niñas, también gratuita, estaba en la otra esquina de la manzana donde hoy se encuentra la escuela Santa María Goretti. El colegio principal era el de María Inmaculada. Estaba situado en la calle Matta, donde hoy se encuentra el Colegio Santa Marta. Yo estudié en la escuela San Gabriel, junto con mi hermano Arnulfo, los cuatro primeros años de enseñanza primaria.

Inolvidable me queda el recuerdo de la Srta. Elena Ampuero, profesora que, ciertamente, me tuvo una simpatía especial. ‘La veo’ aun tejiendo durante los recreos, y preocupándose de los niños que jugaban en el patio. ¿Para quién dedicaba su trabajo? Lo cierto es que un día me alargó la hermosa chomba de colores café que había tejido con tanta dedicación. Seguramente había visto que yo andaba falto de abrigo en los inviernos fríos del sur de Chile. A Dios gracias, creo haberle dado motivos de satisfacción por los buenos resultados obtenidos en esos meses de estudio. Lo cierto es que más tarde, cuando ya casada, le mostré muchas veces mi aprecio y amistad.

La escuela San Gabriel estaba dirigida por Sor Emilda, una religiosa alemana muy trabajadora y responsable. Seguramente ella tenía en aquel entonces unos 50 años de edad. Recuerdo que mientras estudiaba la teología en Alemania, el verano del año 1955 tuve la suerte de visitar su familia, a orillas del río Weser. Recuerdo aún el feliz encuentro que los familiares de la religiosa nombre de la «Madre Emilda». Ella, tengo entendido, nunca tuvo ocasión de volver a visitar a los suyos después de haber sido enviada a Chile.

La escuela funcionaba bien. Había orden y disciplina. Sor Emilda sabía desempeñar su papel de Directora. A veces tenía que dar ‘huascazos’ a algún muchacho rebelde o indisciplinado. Junto a ella trabajaban otras tres profesoras jóvenes. Una de ellas era la mencionada Srta. Elena Ampuero. Todas ellas se esmeraban por entregar sus mejores esfuerzos en favor del centenar de niños que se formaban en esa escuela. Realmente ese plantel ‘San Gabriel’ cumplió la misión del Arcángel de la Buena Noticia en la vida de muchos niños, y particularmente en la mía. Estoy seguro que gracias a esa escuela, a la Madre Emilda y a otras religiosas de María Inmaculada, yo recibí las primicias de la vocación sacerdotal. Entre ellas estuvieron las dos Hermanas de María Inmaculada, Sor Jerónima y Sor Purísima, quienes se esmeraron por tratar con nuestra mamá la posible vocación de los chicos Pape que estudiaban en la escuela San Gabriel.

Estudios en el Seminario Menor San Alberto Magno

Así, el 3 ó 4 de febrero de 1944, Arnulfo y yo nos agregamos al grupo de «vocacionales» o seminaristas menores que los Padres Edmundo Mehring y Niklitschek, (quien había sido ordenado sacerdote en Puerto Varas, en diciembre del año anterior), habían `conquistado’ en las tierras del sur — sobre todo en Puerto Varas y Osorno. Tras un memorable y largo viaje en tren llegamos al Seminario San Alberto Magno situado en la Avenida Vicuña Mackenna, en las afueras de Santiago. En 1932, la Congregación del Verbo Divino había comprado esa propiedad de unas 20 hectáreas con la finalidad de tener allí su casa de formación. De hecho, el antiguo caserón patronal fue ampliado y convertido en noviciado y centro de estudios de  filosofía. El colegio de estudios humanísticos, construido a principios de 1940, constituía el Seminario Menor, cuyo objetivo era preparar  a los alumnos a que, una vez terminados los estudios secundarios, pasasen al noviciado y luego continuasen los estudios de filosofía y teología. Naturalmente, en chiquillos de apenas 11 ó 12 años no se podía esperar mucho conocimiento de lo que esa decisión entrañaba. De hecho, la gran mayoría abandonó el seminario durante ese largo tiempo de estudios.

Allí en San Alberto pasé con facilidad esos años de formación, en medio de las alegrías y pesares de la vida de un internado. En mi curso éramos siete muchachos. Rendíamos buenos resultados y, mientras avanzábamos en los estudios, íbamos conociendo a los numerosos Padres del Verbo Divino que nos asistían en la formación y en el manejo de la casa. Fueron años que pasaron rápidamente.

Mi noviciado, término de humanidades y estudios de filosofía

Una vez terminado el cuarto año de humanidades en 1948, la etapa siguiente fue la experiencia del noviciado, es decir, el tiempo de iniciación en la vida religiosa. Yo tenía entonces 15 años cumplidos. Este nuevo período de vida lo viví en el recinto reservado al noviciado. Una vez terminada esa etapa, continué los estudios de humanidades dando el bachillerato en 1951. Recuerdo haber sacado 28 puntos. Creo que el máximo eran 32.

Continué los estudios de filosofía bajo la dedicada guía del P. Clemente Reimann. Eran estudios que en gran parte debían ser hechos en latín. Me gustaba ese idioma antiguo y no tuve dificultades en recorrer los diferentes ramos exigidos por el programa y dados en  ese idioma. Pero al mismo tiempo teníamos clases con otros Padres. Especial recuerdo guardo del P. José Hillebrand, una autoridad en ciencias bíblicas e idiomas antiguos.

El año 1953, el P. General Aloisius Grosse-Kappenberg visitó durante 3 meses nuestra ‘Provincia’ chilena. Por algún tiempo permaneció en nuestro Seminario y fue él quien decidió que yo continuara mis estudios de teología en San Agustín, Alemania. Los estudiantes chilenos habían sido enviados anteriormente a hacerlos en Villa Calzada, Argentina.

Así, a principios de 1954, después de haber celebrado los 25 años de matrimonio de mis papás, partí a Europa pasando por Buenos Aires. Viajaba conmigo mi compañero de estudios, Odilo Horn, quien había optado por la vocación de Hermano. Como tal desembarcó en Vigo y se unió a los verbitas en Estella (Navarra). Yo continué viaje a Hamburgo, adonde llegué a principios de febrero, en pleno invierno. Encontré ayuda en un convento de religiosas y luego viajé en tren a Colonia, donde me esperaba un estudiante, quien me condujo a San Agustín, el seminario central de la Congregación en Europa. En aquel entonces albergaba cerca de 400 personas: Padres, Hermanos, estudiantes de teología y filosofía, novicios y postulantes.

Estudiante en San Agustín, Alemania, 1954-1958

Mis primeros meses en Alemania fueron un tiempo de sorpresas y novedades. Rápidamente pasó el invierno y llegó la primavera y el verano. Mi alemán, que yo había aprendido con mucho interés en Chile, mejoró rápidamente con la ayuda de mis compañeros y de un profesor. En septiembre tuve que comenzar las clases del  primer año de teología. Yo diría que no encontré dificultades ni en los estudios, ni en el trato con mis compañeros de estudio —unos 28 al comienzo— ni en mis relaciones con los diversos profesores. Desde el comienzo simpaticé con algunos de ellos, entre otros con el P. Haverrot, nuestro profesor de dogmática y con el P. Funk, profesor de Derecho. Más tarde, llegó el P. Riedl, profesor de Sagrada Escritura, con quien hice buenas migas.

En los primeros años viví en una habitación del edificio principal, en compañía de otro estudiante, y después tuve pieza independiente en la sección ubicada sobre el Schweinerstall’ (sobre el chiquero), una edificación situada a cierta distancia del caserón principal. Allí vivíamos unos 12 estudiantes obligados a oscilar continuamente entre el Seminario propiamente dicho y esa sección nuestra. Para los que allí habitábamos era una buena manera de mantener el cuerpo en permanente ejercicio, además de gozar de cierta tranquilidad, pese al continuo ‘perfume’ que nos venía de los cerdos del primer piso.

En el Seminario teníamos una buena cancha de fútbol, una amplia piscina, bonitos parques de paseo y muchas posibilidades de excursiones a lugares turísticos o históricos: Siegburg, Seligenthal, Lohmarhohn, Altenahr, Siebengebirge, el Rhin, Bonn, Colonia, etc. Estas dos últimas ciudades estaban a unos 15 y 30 kms, respectivamente. En las vacaciones de verano, las salidas de casa podían ser mucho más largas.

Recuerdo que un año estuve en nuestra casa-seminario San Javier de Bad Driburg. Desde allí visité los alrededores llegando a Paderborn, a la abadía Corvey, al río Weser donde visité los parientes de la Madre Emilda (Directora de la Escuela San Gabriel de Osorno), etc. El año 1956 estuve en ‘collportage’ (trabajo de difusión en favor  de nuestras revistas), pudiendo recorrer toda la región de Nader y Oberbreisig, Remagen y otros lugares junto al Rhin. Me hospedé en casa de don Antonio Simons y de su señora ‘Tante Minchen’. Al año siguiente fui con la misma finalidad a Stuttgart y alrededores, sobre todo Offingen, donde conocí y me hice muy amigo de la familia de Helmuth Strehle, quienes más tarde me visitaron en Chile.

Al cumplir 9 años de profeso, en 1958, hice mis votos perpetuos y poco después, el 15 de mayo de 1958, recibí de manos del Obispo Auxiliar de Colonia la ordenación sacerdotal junto con 18 compañeros de curso. Al día siguiente celebramos la Primera Misa. En esos momentos cumbres de mi vida me acompañaron los familiares Simons y Strehle. Hermosos, y al mismo tiempo, nostálgicos días de muchos recuerdos. En las semanas siguientes hubo invitaciones a diferentes partes, sobre todo a la Misa primicial en Niederbreisig, junto a los queridos amigos de la familia Simons.

En esas semanas tuve también la oportunidad de hacer una experiencia ’jocista’ en Bélgica. Me alojé en casa de un sacerdote amigo y desde allí tomé parte en las reuniones del movimiento. Recuerdo con frescura los sentimientos de miedo y de expectación que me embargaban al descender a las minas de carbón, a 400 y tantos metros bajo el suelo. Ese año, a principios de octubre de 1958, viajé a Roma, donde por disposición de mis Superiores debía estudiar Misiología antes de volver a Chile.

Estudiante en Roma, 1958-1962

Hice el viaje en tren, atravesando por primera vez los Alpes. Llegué a Roma pocos días antes de la muerte del Papa Pío XII. Sus  funerales constituyeron para mí el gran acontecimiento de los primeros días en la Ciudad Eterna. Poco después fue elegido Juan XXIII, el Papa que al celebrar la fiesta de la Conversión de San Pablo, el 25 de enero de 1959, anunció la celebración del Concilio Vaticano II, cuya preparación llenó de ideas y de propuestas a los católicos del mundo entero.

Por mi parte, inicié los estudios de Misionología en la Universidad Gregoriana regentada por los jesuitas. Eran pocos los estudiantes que seguían esos estudios en dicha Universidad. Fuimos siempre un grupo pequeño de una institución que contaba varios miles de estudiantes. El programa contemplaba historia de las misiones, catequesis misionera, religiones no cristianas —islamismo, budismo, shintoismo, religiones ‘primitivas’— etnología, antropología, etc. Entre los profesores había algunos que tenían renombre en el campo de su ciencia. Al barajar un tema para el estudio de doctorado, yo opté por el movimiento misionero protestante. Eso me permitió una estadía más o menos prolongada en Inglaterra, donde realicé las investigaciones necesarias en varias bibliotecas de sociedades misioneras británicas. A principios de 1962 terminé la redacción de mi tesis doctoral y preparé su defensa. Todo resultó conforme a mis esperanzas. Una vez terminados los estudios en Roma, regresé a Chile en mayo de ese año.

Procurador misional y editor de Confines y Mundo

Después de la alegría del re-encuentro con mis papás, hermano(a)s y amigos, y después de la solemne Primera Misa en Osorno, asumí en Santiago el cargo de Procurador Misional que antes había tenido el. P. Rodolfo Simons. En ese trabajo me dediqué especialmente al apostolado de la prensa. Al poco tiempo cambié el Noticiario Misional en una revista misionera juvenil, de nombre CONFINES. Poco más tarde, con ocasión del Sínodo de Santiago, del año 1967, representantes de las dos congregaciones del Verbo Divino y de los Padres Claretianos decidimos aunar esfuerzos publicando una sólida revista católica que saliera mensualmente a la venta en los kioscos de todo Chile. Surgió así la revista MUNDO que mantuvo su circulación hasta la intervención militar de 1973. La sede de la publicación estuvo en calle Condell 272.

En los años siguientes, el centro editorial se convirtió en un local de numerosas publicaciones. Pero estas actividades tuvieron que ser suspendidas porque los encargados de la editorial fueron llamados a ocupar otros cargos en sus respectivas congregaciones.

Maestro de novicios y Superior Provincial de la Congregación en Chile

Yo recibí el nombramiento de Maestro de Novicios, a principios de 1977. El grupo con el cual comencé mi labor era de cuatro. Uno de ellos es el actual Obispo de Chillán, Monseñor Carlos Pellegrin. Como el viejo caserón de avenida La Florida estaba en malas condiciones, con la ayuda de algunos maestros nos pusimos a hermosear el edificio, comenzando con el arreglo del tejado. Fueron semanas y meses de intensa dedicación. En septiembre de ese año me sorprendió el nombramiento de Superior Provincial de la Congregación en Chile. De manera que tuve que dejar la responsabilidad de Maestro de Novicios en otras manos.

El nombramiento de Superior Provincial lo ejercí en los dos períodos 1978 y 1980 y 1981 a 1983. Pero de hecho no terminé el  último año, pues, durante el Capítulo General de 1982 el Superior General me pidió quedar en Roma como Secretario de Misiones de la Congregación. Así, a principios de 1983 dejé Chile y me fui a la Dirección General para asumir mi nuevo trabajo.

En Roma: Secretario de Misiones y Consejero General

Ocupé el cargo mencionado desde 1983 hasta 1992. Ese año falleció en Brasil el Consejero General Belmiro De Melo. El Superior General me pidió reemplazarlo hasta que el Capítulo de 1994 eligiera al nuevo Consejo. Ese año los capitulares me eligieron a mí. Por lo tanto, quedé en el cargo hasta el próximo Capítulo General, esto es, el del año 2000.

Los años que serví la Congregación en Roma coincidieron con la edad que se considera la más productiva de la vida. Realmente  viví en Roma mis años 50 y 60 totalmente dedicado al servicio de mis hermanos misioneros en el mundo entero. Me tocó viajar a los diferentes continentes, visitar las comunidades y los verbitas en sus trabajos; tuve que tomar parte en reuniones de reflexión y proyección, analizar y decidir nuevas fundaciones, elaborar actas e informes para el Consejo General, participar en las discusiones etc. etc.

El año 2000 finalicé mi servicio en Roma y pude regresar a Chile. Sin embargo, pedí al Superior General que me concediera un tiempo para investigar en el Archivo General la historia de la Congregación en Chile. Con todo entusiasmo me dediqué a reunir los datos que iluminaran un pasado que poco a poco se iba olvidando. De ahí surgió el volumen ‘Misioneros del Verbo Divino en Chile’ publicado en Santiago, el año 2006.

De nuevo en Chile, al servicio de la Congregación del Verbo Divino

Después de fructíferos meses de investigación y apuntes, a principios de octubre del 2001, volví a Chile en compañía de mi hermana Idés, a quien había acompañado durante varias semanas en un viaje de reconocimiento y peregrinación por Roma, Padua y Oies. El Superior Provincial me nombró Rector del Seminario Verbo Divino, cargo que asumí a principios del 2002. Allí quedé dos años. En 2004 me pidieron venir al Colegio Verbo Divino donde estuve sirviendo al Señor y a la Congregación. Finalmente, terminando el año 2007, el P. Provincial me pidió prestar mis servicios en el nuevo Colegio de la Congregación en el sector de Chicureo. Allí estoy desde el comienzo del año 2008.

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