23
abril 2026

Donde los libros cobran vida: El arte de leer y escribir

En un mundo dominado por videos fugaces y notificaciones constantes, sentarse a leer puede parecer un anacronismo. Sin embargo, la lectura es una de las herramientas más potentes para el desarrollo cognitivo y emocional. La lectura más poderosa es aquella que se desborda hacia la vida del lector, activando tres motores fundamentales: la imaginación, la escritura y el hábito. ¿No es acaso, la imaginación un motor de expansión? Una lectura esencial deja espacios en blanco para que el lector los complete e imagine una memoria histórica de realidad y ficción (Jorge Edwards, 1931-2023); asimismo, es la lectura del Realismo mágico, tan propio del mundo cultural y literario de Hispanoamérica, donde realidad y ficción se encuentran en un diálogo creativo y eterno. Al visualizar lo no dicho, el cerebro actúa como un arquitecto de mundos, entrenándose para proyectar soluciones creativas en la realidad. Clásicos como El Principito de Antoine De Saint-Exupéry (1900-1944), o los microrrelatos de Augusto Monterroso (1921-2003) —como El Eclipse o El Dinosaurio— son ejemplos de cómo una sola frase puede invitar al lector a reconstruir realidades y cuestionar su entorno. Es la invitación al posible lector, que debe reconocer lo esencial de un paso de la lectura a la escritura creativa. A diferencia del consumo pasivo audiovisual, la lectura exige una participación dinámica que fortalece la conectividad neuronal y retrasa el deterioro cognitivo. Esta inmersión genera un deseo natural de responder. Al leer, absorbemos ritmos y vocabularios que luego volcamos en nuestras propias ideas. Si leer nos da los pinceles, escribir es empezar a pintar nuestro propio cuadro; es el paso definitivo para adueñarnos de lo aprendido y encontrar una voz propia.

Es imperativo, el hábito que abre una puerta a un refugio y superpoder que posibilita la constancia, sino atendemos a esto, nada es posible. El hábito convierte el esfuerzo inicial en placer automático y actúa como un antídoto contra el estrés; solo seis minutos de lectura pueden reducir el cortisol en un 60%. Para practicar una lectura creativa y profunda, podemos atender a estrategias como: visualización: recrear olores, sonidos y texturas. Predicción: imaginar el siguiente paso en la trama. Intervención: tomar notas y subrayar para conectar ideas. Podemos concluir indicando lo siguiente: La verdadera esencia de leer reside en un círculo virtuoso: leemos para imaginar mundos, imaginamos para sentir la necesidad de crear, y establecemos un hábito para que este crecimiento nunca se detenga. ¿Que no disfrutamos con el mundo infantil y el monólogo interior que recrea el alma y la mente prodigiosa de Ester Huneeus (Marcela Paz, 1902-1985)) y su niño Papelucho, de 8 años? Dice Marcela Paz, son cuentos de niños que juegan a ser adultos y adultos que se convierten en niños. A lo mejor, ilumina nuestro pensar y reflexión ulterior, lo que afirmó Francis Bacon (1561-1626): “La lectura hace al hombre completo; la conversación lo hace ágil, el escribir lo hace preciso”. El lector constante nunca está solo, pues su mente se encuentra en expansión perpetua.

Padre rector, Miguel Ángel González Chandía
Abril, 2026,