We Tripantu: Compromiso con la Interculturalidad y el Medio Ambiente

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Publicado: martes 28 de junio de 2022 a las 05:39 hrs.
En la siguiente columna el profesor José Luis Rebolledo, Jefe del Departamento de Historia profundiza sobre esta celebración de nuestros pueblos originarios y su finalidad cultural, espiritual-religiosa y sociocomunitaria.

El We Tripantu es la celebración del año nuevo Mapuche, que se realiza en el solsticio de invierno austral, entre el 21 y el 24 de junio.  Es una fecha de celebración con múltiples finalidades, de orden cultural, espiritual-religiosa y sociocomunitaria es el cambio de ciclo en la biodiversidad. 

Los pueblos indígenas, desde tiempos inmemoriales, han mantenido una conexión profunda y espiritual con la madre naturaleza y con todos los elementos que la componen, sabiduría que les ha permitido comprender y conocer los ciclos solares, lunares e hídricos para llevar una vida en equilibrio y sostenible, determinando así cuando deben preparar el terreno, realizar las siembras, ejecutar las cosechas, cortar un árbol y cuando y donde deben recargar las energías como personas, por nombrar algunos ejemplos.

La diversidad genética de las plantas, los ecosistemas, los bosques recobran vida y fuerza, lo cual se verá reflejado en los meses siguientes con los primeros brotes que comienzan a germinar, la vuelta del sol que vendrá a alargar los días. 

Este pensamiento acerca de la tierra es al mismo tiempo una religión, la religión de la tierra dado que existe la convicción de que la tierra tiene newen (fuerza, poder, energía) y en ese sentido no es un objeto manipulable. Con la tierra hay que establecer relaciones, con la tierra hay que dialogar y saber tratar con ella.

La nueva salida del sol es tiempo de renacimiento de la vida en la naturaleza, saludamos al nuevo sol que llega y nos renueva la tierra y el espíritu del Mapuche. Se hacen además las paces, para renovarse y empezar todo de nuevo.

De acuerdo al pensamiento mapuche la vida existe de diversas formas se manifiesta en nosotros como personas, seres humanos, pero también se manifiesta como un espíritu, como un animal, como un pájaro, como una serpiente etc. La Tierra Madre nos cobija, nos alimenta y nos enseña a vivir y a convivir en la diversidad.

Se dan las gracias por las cosas que pasaron, buenas o malas, ya que unas se disfrutan, y de las otras se aprende.  Se deja lo viejo atrás y comienza lo nuevo. 

En la encíclica Laudato si’ el Papa Francisco nos dice: “La mayor parte de los habitantes del planeta se declaran creyentes, y esto debería provocar a las religiones a entrar en un diálogo entre ellas, orientado al cuidado de la naturaleza, a la defensa de los pobres, a la construcción de redes de respeto y de fraternidad”.

Un rasgo esencial de la Congregación del Verbo Divino es el diálogo profético, entendido como la disposición a salir al encuentro del otro. Entonces, que la reflexión se centre en este nuevo año en la actitud de apertura y tolerancia venciendo las barreras culturales, étnicas, socioeconómicas etc.

El diálogo, cuando se sustenta desde la interculturalidad, favorece la creación de nuevas formas de convivencia ciudadana entre todas y todos, sin distinción de nacionalidad u origen. Para ello, el diálogo simétrico es posible reconociendo y valorando la riqueza de la diversidad lingüístico-cultural, natural y espiritual. En el caso de los pueblos originarios, devela sus características y distintos sistemas que problematizan, y a la vez, enriquecen las construcciones de mundo, asegurando el ejercicio de los derechos individuales y colectivos.

Laudato si’ sacó a la luz la importancia de cuidar la naturaleza, de respetar la tierra y sus ecosistemas; reconoció las culturas milenarias y su conocimiento ancestral. Validó que todos compartimos un mismo espacio y debemos hacernos cargo de los derechos de la naturaleza.

Para los pueblos originarios destruir la naturaleza y la vida, de la que somos parte inseparable, es destruir nuestra casa común. Quizás esto sea un nuevo concepto, pero para los pueblos originarios   esta es una reflexión   desde siempre, defender la vida en el planeta y los lugares sagrados como seres vivientes, que son los ecosistemas en todo el mundo. 

En este contexto, el Departamento de Historia y Ciencias Sociales impulsa una educación intercultural, se trata de valorar la cultura de los pueblos originarios, siendo esa valoración significativa no solo para las personas indígenas, sino que también para todos quienes conforman la comunidad escolar.

José Luis Rebolledo Molina 
Departamento de Historia y Ciencias Sociales 


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