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    julio 2026

    Fe encarnada y misión: El valor espiritual de La Tirana en nuestra comunidad escolar

    La importancia de la celebración es una dimensión fundamental del ser humano. Nos permite hacer una pausa en la rutina diaria para agradecer, fortalecer los lazos comunitarios y recordar hitos significativos. Celebrar nos ayuda a renovar el sentido de pertenencia, expresar la alegría de compartir la vida y otorgar un significado profundo a nuestras tradiciones compartidas. En el transcurso del año litúrgico católico en nuestro país, asistimos a la Fiesta de La Tirana, una festividad que congrega a miles de peregrinos y cofradías en honor a la Virgen del Carmen, llamada con cariño “la Chinita”. Sus expresiones dan vida a un hermoso sincretismo cultural donde la fe se manifiesta a través de coloridas vestimentas, máscaras, cantos y danzas tradicionales como las diabladas, las gitanas y los bailes chinos. Su origen e historia es la fusión de tres mundos. Para comprender el sentido profundo de lo que celebramos en todos los niveles, su historia es un elemento clave. Esta festividad es el resultado de las raíces indígenas (andinas e incas), la evangelización católica española y, posteriormente, la influencia de los obreros del salitre (chilenos, peruanos y bolivianos) que llegaron masivamente a la zona a fines del siglo XIX y principios del XX. Encontramos en su trasfondo, la división en dos grandes dimensiones históricas: Es la leyenda y origen mítico de Huillac Ñusta (1535-1536): que narra la historia de una bella princesa inca que huyó a los bosques de tamarugos tras la llegada de la expedición del conquistador Diego de Almagro. Se convirtió en una temida jefa militar que ejecutaba a todo cristiano que cruzara su territorio, ganándose el apodo de “La Tirana”. Desde la mirada de la fe, todo cambió al enamorarse de un prisionero portugués, Vasco de Almeida. Él la evangelizó y, antes de morir ambos a manos de los guerreros de la princesa debido a esta “traición”, ella pidió ser bautizada y que se enterrara a la pareja bajo una cruz.

    Décadas más tarde, el fraile mercedario Antonio Rondón encontró dicha cruz en medio del desierto. Conmovido por el relato, construyó en ese mismo lugar una ermita dedicada a Nuestra Señora del Carmen de La Tirana, transformando un espacio de conflicto en un santuario de oración y paz. Además, tiene en la perspectiva arqueológica e historiográfica (1780): que señalan que el poblamiento efectivo de la zona data de ese año. El origen del culto formal a la Virgen del Carmen en esa localidad se consolidó hacia fines del siglo XVIII, en íntima conexión con la actividad de los obreros mineros andinos de la plata y el cobre de la pampa. Posteriormente, durante el siglo XIX, la festividad sumó la fuerte identidad de los trabajadores salitreros. Tras la Guerra del Pacífico y la incorporación de Tarapacá al territorio chileno, la fiesta adoptó una fuerte identidad nacional y la Virgen del Carmen comenzó a ser celebrada solemnemente como la Patrona de Chile. Las celebraciones se desarrollan en el pueblo de La Tirana (comuna de Pozo Almonte, Región de Tarapacá) bajo el siguiente itinerario formal: 10 de julio (Entrada Solemne): Se realiza la llegada en la Cruz del Calvario, lo que marca el inicio oficial de las celebraciones y la apertura del santuario. Del 11 al 14 de julio: Se produce la llegada masiva y entrada de los más de 200 bailes y cofradías religiosas al templo. El 15 de julio (Solemne Víspera): Durante la noche se realiza una masiva vigilia con música, cantos y fogatas en espera del día principal. Es el 16 de julio (Día Central): que corresponde a la Solemnidad de la Virgen del Carmen. Se conmemora con una eucaristía principal y la multitudinaria procesión de la imagen de la Virgen por las calles del pueblo 19 y 20 de julio es la clausura: se llevan a cabo las misas de cierre, las despedidas de los bailes religiosos y la clausura definitiva del templo.

    ¿Qué valor espiritual y educativo posee para el Colegio del Verbo Divino? Como colegio católico y misionero de la Congregación del Verbo Divino, esta fiesta representa una realidad y un encuentro vivo con la religiosidad popular de nuestro país. En el ámbito espiritual, permite conectar a los estudiantes con una fe alegre, encarnada en la cultura y expresada comunitariamente. Es una oportunidad para profundizar en la devoción mariana y entender que la espiritualidad trasciende los templos, manifestándose en el arte, el movimiento y el agradecimiento del pueblo. En el ámbito educativo, ofrece pedagógicamente un espacio privilegiado para cultivar la interculturalidad y el respeto por la identidad nacional. Ayuda a los alumnos a valorar el patrimonio inmaterial de Chile, promoviendo virtudes como el trabajo en equipo (reflejado en la rigurosa coordinación de los bailes), la disciplina, el arte y la empatía hacia realidades culturales y geográficas distintas a las de la zona central.

    Padre rector, Miguel Ángel González Chandía
    Julio de 2026