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    mayo 2026

    Identidad y Compromiso: El Camino Ético del Colegio Verbo Divino

    La construcción de una comunidad escolar íntegra en el Colegio del Verbo Divino exige una profunda coherencia entre los valores declarados y las acciones cotidianas de estudiantes y apoderados. La moral, la ética, la honestidad y el respeto no son conceptos abstractos, sino compromisos prácticos que definen nuestra identidad institucional. Es por, sobre todo: Verdad y Honestidad Escolar que, va más allá de no copiar en una evaluación; sino que, representa un compromiso sincero con la propia formación. En su tratado De Mendacio, San Agustín sostiene que “…la mentira corrompe la esencia del alma humana, pues el lenguaje y los actos deben ser reflejo fiel de la verdad interior” (capítulos VII y X del tratado, así como en su conclusión). Cuando un estudiante recurre al engaño, o cuando un apoderado justifica una falta de honradez en busca de un resultado inmediato, se quiebra la confianza comunitaria. La verdadera libertad se alcanza únicamente a través de la verdad; el éxito académico carece de valor real si se construye sobre la falsedad.

    Debemos procurar con firmeza, Respeto y Responsabilidad Comunitaria; donde respeto mutuo entre alumnos, profesores y familias constituye el tejido de nuestra convivencia. En Los hermanos Karamázov, Fiódor Dostoievski advierte sobre el peligro del autoengaño y la pérdida de consideración hacia los demás: quien se miente a sí mismo y escucha su propia mentira llega a no distinguir ninguna verdad, perdiendo el respeto por sí mismo y por los otros. (Libro II, capítulo 2, titulado “¿Por qué vive un hombre así?”, en algunas ediciones, El viejo bufón). En nuestro colegio, esto se traduce en la responsabilidad de reconocer en cada compañero y educador a un legítimo Otro, evitando el maltrato, la soberbia o la indiferencia. Asimismo, los apoderados deben modelar el respeto hacia la institución y sus normativas, entendiendo que el respaldo a la labor docente es fundamental para la formación de sus hijos. Nos debemos a una profunda reflexión de la familia, que es la primera escuela de virtudes morales y empatía: Dostoievski enfatizaba que no hay nada más formativo y saludable para la vida futura que un buen recuerdo de la infancia en el hogar (Los hermanos Karmázov, 1880, “discurso junto a la piedra”). Los apoderados no son clientes, sino los principales responsables formativos. El ejemplo hogareño determina directamente la conducta del alumno en el aula.

    La moralidad nace de la convicción personal, no de los reglamentos. El ideal escolar se alcanza cuando cada acto individual busca el bienestar colectivo. Si los hijos presencian en sus hogares la validación del individualismo, la intolerancia o la justificación de la falta de ética para obtener ventajas, reproducirán esas conductas en el aula. Por su parte, la espiritualidad SVD se fundamenta en el prólogo del Evangelio de San Juan: “El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros”. Esta dimensión de la encarnación significa que los valores religiosos deben manifestarse de forma visible en las relaciones humanas cotidianas a través del testimonio familiar. Los apoderados demuestran su adhesión cuando priorizan la formación del carácter y la honestidad por encima de los resultados de corto plazo... El Proyecto Educativo Institucional y la espiritualidad SVD nos llaman a una conversión constante para que nuestro colegio sea un verdadero testimonio del Reino de Dios en la sociedad chilena.

    Padre rector, Miguel Ángel González Chandía,
    Mayo, 2026