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En el Día de la Oración por Chile, el Padre Roberto Díaz, svd, nos entrega una reflexión por nuestra Patria.

El último domingo de septiembre la iglesia chilena invita a los cristianos a orar por la patria, siguiendo la recomendación de san Pablo a Timoteo: “Ante todo te recomiendo que se hagan peticiones, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos los hombres, por los soberanos y por todas las autoridades, para que podamos disfrutar de paz y tranquilidad, y llevar una vida piadosa y digna” (Tim 2, 1-2).

Esto significa que somos invitados a “mirar a lo alto” para pedir a Dios, en especial por medio de la intercesión de la Virgen del Carmen, madre de Chile, aquello que necesitamos como comunidad nacional.

Pero, como nos recuerda la carta de Santiago, debemos pedir correctamente para recibir: “Ustedes no tienen, porque no piden. O bien, piden y no reciben, porque piden mal, con el único fin de satisfacer sus pasiones” (Sant 4, 3).

¿Qué debemos pedir, entonces? No debemos pedir aquello que nos amarra a las “pasiones”, que trae “padecimientos”, sufrimientos; debemos pedir aquello que nos libera, para que todos podamos “disfrutar” en paz y dignidad todo aquello que nos humaniza.

Siguiendo el conocido texto de la Oración por Chile, pidamos al Padre Creador que nos libre de las catástrofes inevitables y naturales, como son los terremotos o las epidemias. Pero que nos libre también de las catástrofes evitables y que son nuestra responsabilidad, como es la explotación irrespetuosa e insostenible de la tierra y del mar, que destruye la naturaleza en aras de beneficios económicos que enriquecen a algunos, pero que priva a muchos de los frutos de esta generosa tierra chilena, como es, por ejemplo, el agua para las siembras, para los animales y para los seres humanos.

Pidamos a Jesucristo, el Verbo hecho carne, que nos libre de todo aquello que provoca violencia e inhumanidad, como el narcotráfico que corroe a nuestra sociedad robando el alma y la dignidad, especialmente de los más jóvenes; que nos libre de la discordia, que nos distancia y arrincona en grupos sociales, políticos, étnicos o religiosos irreconciliables e intolerantes.

Pidamos al Espíritu Santo que asista a nuestros políticos, para que con abnegación e inteligencia sirvan al Bien Común de la patria; que ampare a quienes han recibido el mandato de cuidar el orden público como son policías y militares, librándolos de la corrupción y la violencia desmedida.

Pidamos a Dios Uno y Trino, fuente y ejemplo de comunión, que nos enseñe a ser una comunidad hospitalaria, especialmente con los más pobres que acuden a nuestras fronteras; que nos enseñe el verdadero progreso, que es construir una nación de hermanos donde cada uno tenga pan, respeto y alegría: en especial las mujeres, los niños, los ancianos, las minorías de todo tipo.

Pidamos, por último, a la Virgen del Carmen, estrella de Chile, que sabiamente nos muestre el camino que ilumina la esperanza: en los tiempos borrascosos de ardientes búsquedas sociales que nos toca vivir; en tiempos de incertidumbre por la pandemia que ha cobrado tantas víctimas en Chile y el mundo entero; en este tiempo de dolorosa crisis de la iglesia católica causada por su propia oscuridad.

A ella le encomendamos también la nueva Constitución, que con esfuerzo de muchos se está escribiendo, para que refleje fielmente el alma de esta patria nuestra.

¿Cómo debemos pedir? Debemos pedir con los “ojos fijos en lo alto”, llenos de confianza de que Dios nos escucha; pero debemos pedir con “los pies bien puestos en la tierra”, es decir con una actitud de compromiso generoso en la realización de aquello que pedimos, dispuestos a luchar por una patria que logre ser como una gran mesa donde todos tengan lugar.

 

ORACIÓN POR CHILE A LA VIRGEN DEL CARMEN

Virgen del Carmen, María Santísima, Dios te escogió como Madre de su Hijo, del Señor Jesús que nos trae el amor y la paz.

Madre de Chile, a Ti honraron los Padres de la Patria y los más valientes de la historia; desde los comienzos nos diste bendición.

Hoy te confiamos lo que somos y tenemos; nuestros hogares, escuelas y oficinas; nuestras fábricas, estadios y rutas; el campo, las pampas, las minas y el mar.

Protégenos de terremotos y guerras, sálvanos de la discordia; asiste a nuestros gobernantes; concede tu amparo a nuestros hombres de armas; enséñanos a conquistar el verdadero progreso, que es construir una gran nación de hermanos donde cada uno tenga pan, respeto y alegría.

Virgen del Carmen, Estrella de Chile, en la bandera preside nuestros días y en las noches tormentosas sabiamente alumbras el camino.

Madre de la Iglesia, Tú recibes y nos entregas a Cristo; contigo nos ofrecemos a Él, para que sobre Chile extienda los brazos salvadores de su Cruz y la esperanza de su resurrección.

AMÉN.

 

Fuente: www.verbodivino.cl

 


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