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  • 15
    octubre 2026

    Guiar, acompañar y formar: el rol trascendental del educador en el Verbo Divino

    La conmemoración del Día del Profesor en nuestro Colegio del Verbo Divino representa una instancia fundamental para reflexionar sobre el impacto y la trascendencia de la labor docente en la sociedad. En nuestro contexto, esta fecha adquiere un significado aún más profundo: los profesores no solo actúan como transmisores de conocimiento académico, sino que se posicionan como piezas angulares de una misión educativa basada en la formación integral y espiritual. Cada año, la comunidad del CVD vuelca su gratitud hacia su cuerpo docente a través de ceremonias cargadas de simbolismo, las cuales reflejan el profundo respeto y cariño que los estudiantes y apoderados guardan hacia sus educadores. Estas jornadas van más allá del festejo; son un recordatorio del lema y la identidad verbita. Como suelen destacar las autoridades eclesiásticas y directivas del colegio en sus discursos, los docentes del CVD están llamados a entregar su pasión y sabiduría para que los alumnos no solo aprendan materias técnicas, sino que también crezcan como individuos íntegros y comprometidos con el bienestar común.

    Vivimos en una labor que trasciende el aula. Es decir, la propuesta del Colegio del Verbo Divino se fundamenta en una educación que equilibra la excelencia académica con una sólida formación valórica de carácter católico y misionero. En este ecosistema, el rol del profesor se transforma radicalmente a través de tres pilares esenciales: Guías y referentes: Los alumnos del CVD no ven a sus profesores únicamente como instructores, sino como tutores de vida y modelos a seguir que los desafían constantemente a pensar de forma crítica. Agentes de acompañamiento integral: la labor educativa se enfoca en conocer y potenciar las habilidades individuales de cada estudiante, celebrando sus logros y acompañándolos en sus dificultades. Formadores en comunidad: los docentes construyen un sentido de pertenencia clave al fomentar la fraternidad, la solidaridad y el respeto mutuo, replicando fielmente los valores de la Congregación del Verbo Divino. Ante los desafíos de la educación contemporánea, los profesores del CVD adaptan con éxito sus metodologías a los entornos digitales sin perder la calidez humana. Esto garantiza que sus egresados cuenten tanto con herramientas de vanguardia como con la inteligencia emocional y espiritual para impactar positivamente en el país. El Día del Profesor consolida así el reconocimiento a una labor sacrificada y vital, siendo el momento propicio para agradecer a quienes, día tras día, entregan su vida a la hermosa tarea de educar con el corazón. Debe resonar en nuestros corazones, alma y mente, el Eco de Gabriela Mistral en la vocación verbita, esta entrega diaria conecta profundamente con el legado de la poetisa, quien plasmó un homenaje al maestro que perdura en el tiempo y el espacio. En su "Oración de la Maestra", una prosa lírica concebida como un ruego espiritual, Mistral eleva al educador a la categoría de continuador de la obra de Jesucristo al clamar: "¡Señor! Tú que enseñaste, perdona que yo enseñe; que lleve el nombre de maestra, que Tú llevaste por la Tierra". Asimismo, la poetisa expresa fervientemente que la labor de educar exige "ser más madre que las madres, para poder amar y defender como ellas lo que no es carne de mis carnes", situando el amor incondicional en el centro de la pedagogía. Esta ética se sintetiza en su célebre "Decálogo del Maestro", cuyas máximas resuenan con fuerza en el espíritu de nuestro colegio: "Ama: Si no puedes amar mucho, no enseñes a niños". "Enseña con hermosura: La palabra ha de ser de tal manera que la verdad entre casi por el placer de escucharla". "Piensa en crear el mañana: El maestro trabaja para las generaciones del futuro". Finalmente, a través de su poema "La Maestra Rural", Mistral nos conmueve al retratar la entrega en la vulnerabilidad de la figura del profesor de base, a quien define como alguien humilde, pero espiritualmente millonario: "La maestra era pobre. Su reino no tenía tierras, ni oro, ni ganado; pero tenía algo: la voz de los abuelos, recogida en su canto". Con esta elocuencia, nos muestra al docente como un auténtico refugio de paz que enseña con "suavidad de madre", relevando el rol social del educador como el verdadero constructor del tejido y el alma de un país.

    Padre rector, Miguel Ángel González Chandía

    Octubre de 2026